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NotaPublicado: Jue Mar 28, 2013 7:48 am 
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Les kería compartir un texto interesante sobre un libro ke tal vez deberíamos leer.
Citar:
De Alexander Berkman extraído de su Libro: "El ABC del Comunismo Libertario" . Espero que les sirva:

Vamos a dedicarnos primero a la organización del consumo, porque el pueblo tiene que comer antes de que pueda trabajar y producir.

"¿Que quieres decir con organización del consumo?", pregunta tu amigo.
"Supongo que quiere decir racionamiento", dices tú.

En efecto. Desde luego que cuando la revolución social se ha organizado del todo y la producción funciona normalmente habrá bastante para cada uno. Pero en las primeras etapas de la revolución, durante el proceso de reconstrucción, hemos de procurar abastecer al pueblo lo mejor que podamos y de forma igualitaria, lo que significa racionamiento.
(...)
Toda experiencia enseña que aquello que es justo y honrado es también al mismo tiempo lo más sensato y práctico a la larga. Esto es igualmente verdad tanto en la vida individual como en la colectiva. Discriminación e injusticia son cosas particularmente destructivas de la revolución porque el mismo espíritu de ésta nace del hambre de justicia y equidad.

Ya he mencionado que cuando la revolución social alcanza la etapa en la que puede producir en cantidad suficiente para todos, se adopta, entonces, el principio anarquista de "a cada uno según sus necesidades". En los países más eficientes y desarrollados industrialmente se logrará esta etapa más pronto que en los territorios atrasados. Pero hasta que esto sea logrado, el sistema de reparto equitativo, de igual distribución por cabeza, es de imperativa necesidad como el único método justo.
Y no hay ni que decir, desde luego, que deben otorgarse especiales consideraciones al enfermo, al anciano y al niño, y a las mujeres durante el período prenatal y la lactancia, cosa que también fue puesta en práctica por la Revolución Rusa.

"Permíteme insistir en este extremo -remarcas tú-. Tiene que darse una participación igual, según dices. ¿Entonces no vas a poder comprar nada?"

No. No habrá ni compras ni ventas. La revolución suprime la propiedad privada de los medios de distribución y, junto con esto, se acaba el negocio capitalista. Sólo las cosas que utilizas restan como posesión personal. Según esto, tu reloj es tuyo pero el reloj de la fábrica pertenece al pueblo. La tierra, la maquinaria y todas las demás utilidades públicas serán de propiedad colectiva, y no podrán venderse ni comprarse. El uso activo será considerado como solo título -no de propiedad sino de posesión-. La organización de los mineros del carbón, por ejemplo, tendrá a su cargo las minas de carbón, no como propietarios sino como organismos de explotación. Simirlamente dirigirán los ferrocarriles las hermandades o sindicatos ferroviarios, y de este modo, todo lo demás. La posesión colectiva, activamente administrada en interés de la comunidad, ocupará el lugar de la propiedad privada personal guiada para la ganancia.

"Pero si nada puedes comprar, ¿cuál es, entonces, el uso del dinero?", preguntaras.

Ninguno. El dinero se convierte en inútil. Nada puedes conseguir con él. Cuando los recursos de abastecimiento, la tierra, fábricas y productos se convierten en hacienda pública, socializada, no puedes ni comprar ni vender. Como el dinero es solamente un medio para tales transacciones, pierde su utilidad.

"Pero, ¿cómo intercambiarás las cosas?"

El intercambio será libre. Los mineros del carbón, por ejemplo, cederán para uso de la comunidad el carbón que extraigan de los yacimientos públicos. A su vez, los mineros recibirán de los almacenes de la comunidad la maquinaria, las herramientas y los demás productos que necesiten. Esto significa libre intercambio sin mediación del dinero y sin ganancia sobre la base de tener disponibles tanto las necesidades como el abastecimiento.

"Pero, ¿y si no hay maquinaria o alimento para darle a los mineros?".

Si no hay ninguno, el dinero no solucionará la cuestión. Los mineros no pueden alimentarse con cheques bancarios. Considera cómo se maneja hoy tales cosas. Tú cambias carbón por dinero, y con el dinero obtienes alimento. La comunidad libre de que hablamos intercambiará el carbón por el alimento directamente, sin la mediación del dinero.

"Pero ¿sobre qué bases? Hoy conoces lo que vale un dólar, poco más o menos, pero ¿cuánto carbón entregarás por un saco de harina?".

Tú quieres decir que cómo será determinado el valor o el precio. Pero ya hemos visto en capítulos anteriores que no existe ninguna medida exacta del valor de una cosa, y que el precio depende de la oferta y la demanda, y varía de acuerdo con estas fluctuaciones. El precio del carbón sube si hay escasez de éste; se abarata si el surtido u oferta es mayor que la demanda. Para conseguir grandes beneficios, los propietarios del carbón limitan de forma artificial la extracción o rendimiento material de las minas, y los mismos métodos se siguen en todo el sistema capitalista.
Cuando el capitalismo sea abolido nadie tendrá interés en elevar el precio del carbón o limitar su producción. Será extraído de la mina tanto carbón como sea necesario para cubrir las necesidades. Similarmente, será cultivado y producido tanto alimento como necesite el país. Serán las demandas de la comunidad y el surtido disponible lo que determinará la cantidad a recibir. Y este postulado es aplicable tanto al carbón como al alimento y a todas las demás necesidades del pueblo.

"Pero, supongamos que de un cierto producto no hay bastante cantidad para ser repartida. ¿Qué harás, entonces?".

Entonces haremos lo que se hace también en la sociedad capitalista en tiempo de guerra y escasez: se raciona, con la diferencia de que en la comunidad libre el racionamiento será administrado sobre principios de igualdad.

"Pero suponte que el campesino se niega a abastecer a la ciudad con sus productos a menos que obtenga dinero."

El Campesino, como cualquiera, sólo quiere el dinero si puede comprar con él las cosas que necesita. Verá rápidamente que el dinero le es inútil o inservible. (...) Son arados, azadones, rastrillos, maquinaria agrícola y vestidos, y no dinero, lo que quiere el campesino. Por esas cosas te permitirá que obtengas su trigo, cebada y maíz.

En otras palabras, la ciudad intercambiará con el campo los productos que cada cual requiere, sobre la base de la necesidad.
Se ha sugerido por algunos que el intercambio durante el período revolucionario debería estar basado en alguna medida definida. Se propone, como ejemplo, que cada comunidad emita su propio dinero como se hace a menudo en tiempo de revolución; o que cada día de trabajo debería estar considerado como unidad de valor que, bajo el nombre de vales de trabajo, sirviesen como medio de intercambio. Pero ninguna de estas proposiciones es de aplicación práctica. El dinero emitido por comunidades en revolución se depreciará rápidamente hasta el punto de no valer nada, desde el momento que tal dinero no tendría tras él garantías seguras, sin las cuales el dinero no posee ningún valor. Igualmente los vales de trabajo no representarían como instrumento de intercambio ningún valor definido y mensurable. ¿Cuál sería, por ejemplo, el valor de una hora de trabajo en una mina de carbón? ¿Y una consulta médica de quince minutos? Aunque todos los esfuerzos fuesen considerados de igual valor y tomada como unidad la hora de trabajo, ¿podría la hora de trabajo del pintor de casa o la operación de un cirujano ser estimadas equitativamente en relación con los períodos del cultivo del trigo?
El sentido común resolverá este problema sobre bases de la igualdad humana y del derecho a la vida de todos y cada uno.

(…)

Con respecto a la vivienda y a la seguridad local Rusia ha enseñado el camino en los primeros meses de la revolución de Octubre. Comités de vivienda, elegidos por los inquilinos, y federaciones ciudadanas de dichos comités se encargaban del problema. Reunían estadísticas de las posibilidades de un determinado distrito y del número de solicitantes que requerían habitaciones. El número de éstas se designaba según las necesidades personales o familiares y sobre bases de igualdad de derechos en circunstancias análogas.

De la misma forma los comités de distrito y vivienda se hacen cargo del aprovisionamiento de la ciudad. La entrega individual de raciones por medio de centros distribuidores en un derroche de tiempo y energía estupendo. (…) El mejor camino, el más eficiente, y que al mismo tiempo garantiza una distribución más equitativa y cierra la puerta al favoritismo y al abuso, es racionar por viviendas o calles. El comité autorizado de vivienda o calle se procura, en el centro de distribución local, provisiones, vestidos, etc., en proporción al número de inquilinos representados por tal comité. El racionamiento igualitario tiene además la ventaja de arrancar de raíz la especulación alimenticia. (…) Sólo el intercambio libre y en igualdad de condiciones puede evitar tales males o, en última instancia, reducirlos a su mínima expresión.
Haciéndose cargo de la sanidad y del resto de similares necesidades de la calle y de distrito por medio de comités voluntarios de vivienda y localidad se obtienen los mejores resultados.
Ya que tales organismos, compuestos por los propios inquilinos de un determinado distrito, están personalmente interesados en la salud y en la salvaguardia de sus familias y amigos.

La esperanza de una mejoría material es, como ya mencioné un poderoso factor en el progreso de la humanidad. Pero este incentivo solo no es suficiente para inspirar a las masas, para darles la visión de un mundo nuevo y mejor, y para motivarlas para afrontar el peligro y las privaciones por su causa. Ya que se necesita un ideal, uno que no apele sólo al estómago sino sobre todo al corazón y a la razón, que exalte nuestro adormecido anhelo por lo bueno y lo bello, por los valores espirituales y culturales de la vida. Un ideal, en suma, que despierte los instintos sociales del hombre, nutra sus simpatías y sentimientos afines, inflame su amor de libertad y justicia e imbuya hasta a los seres más bajos de la nobleza de pensamiento y acción de que somos testigos en los momentos catastróficos de la vida. Supón que acontece una tragedia en cualquier parte -terremoto, inundación o accidente ferroviario- y verás que la compasión de todo el mundo va hacia los afectados. Los actos de sacrificio heroico, de salvamento valeroso y de ayuda instintiva muestran la verdadera naturaleza del ser humano y su profundo sentido fraternal y unitario.

(…)
Fuente:memes anarquistas en facebook

_________________
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" Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar. " André Malraux


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