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NotaPublicado: Jue Jun 30, 2011 12:50 pm 
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Elbiogs escribiste:
Hubo un inicio

Pruebas.. quiero pruebas.. :lol:
Elbiogs escribiste:
pero no necesariamente implica que habra un final.Menos aun en fechas que podamos entender, hablamos de millones y miles de millones de años, 2012, 2013 para nada...

Era un contra-chiste al chiste anterior. El rotundo inicio...
Elbiogs escribiste:
De hecho se esta pensando ya mas alla del inicio mismo del big bang

Ajap! un inicio antes del inicio... ;)
Elbiogs escribiste:
se cree que solo es uno mas de los infinitos universos, y el big bang mismo no es para nada un fenomeno unico y singular, sino uno mas de muchos.

Elbiogs escribiste:
Sobre la expansion, se creia en un principio

La opinión va variando en la medida en que se va observando el fenómeno con los nuevos instrumentos....
¿Puede ser que una nueva tecnología de avanzada haga cambiar de opinión nuevamente?.
Elbiogs escribiste:
si era insuficiente para "frenar" la explosion inicial, se seguiria expandiendo infinitamente,

Permitime hacer preguntas desde mi ignorancia deductiva... debo reconocer que nunca me interesó saber el origen ... por lo que es ahora cuando me estoy anoticiando de teorias físico-matemáticas y posturas..

Elbiogs escribiste:
la gravedad progresivamente iria frenando la expansion, hasta el punto de volver hacia atras tdod el universo hasta un colapso total (big crunch), y posiblemente un nuevo big bang, y asi.

Yo tengo la imagen mental de una explosión, por ejemplo, la bomba atómica...
Imagen
Preguntonta (no dejar de considerar mi ignorancia sobre el tema).
La expansión habría sido en varios sentidos (¿3D?)... y en aumento hasta llegar a un punto en que se va frenando (porque no es el espacio vacío) hasta ¿desvanecerse o contraerse?...
Elbiogs escribiste:
La cuestion actual, es que no hay suficiente masa para desacelerar el universo, sin embargo la evidencia muestra que si esta pasando.COn lo cual se piensa que existe una materia mas que no podemos ver (ver en un setido amplio, no solo en el espectro de luz visible),

Mi planteo es, se propuso una teoria de la cual no se cuestionan las bases, pero que al contraponerla con la evidencia de las observaciones se confirma pero que no se entiende por qué.
Si hay una materia oscura que no se ve... ¿estaba en el inicio?... ¿de dónde salió?.
Mi mente es muy limitada para estos planteos,.,,
Si me dicen que de un punto explotó algo en medio de la inexistencia o la nada... o como quieran llamarle, por lo que nada frenaría la expansión... pero hay desaceleración, y no es la gravedad la que la causa... ciertamente hay que creer en algo invisible...¿No será Dios no?.
Elbiogs escribiste:
pero si sentir su efecto sobre el universo

¿con sentir estás diciendo medir?.
Elbiogs escribiste:
la materia oscura, lo mas asombroso es la cantidad de esta necesaria para balancear la ecuacion,

¿Balancear vendria a ser considerando una balanza de dos platos? o sea, ¿dos fuerzas opuestas en contínuo juego equilibrado?. ¿juego de opuestos?...
¿Este sería el caso en que los opuestos se complementan y conforman la totalidad?.
Elbiogs escribiste:
y otro componente asombroso, es la energia oscura, que parece ser el 74 % del universo.

No les quiero joder la existencia, pero, realmente no encuentro afirmaciones en estos planteos.
Concretamente pregunto.
¿Está dicho y comprobado... hubo un inicio?. ¿Es Ley o teoria?.
Elbiogs escribiste:
Me gusto esta declaracion, es el comienzo de la comprension (esto es extensivo para todos)

Elbiogs escribiste:
Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. Albert Einstein


Claro que si, no dejo de sorprenderme con cada cosa que conozco ni salgo de la ignorancia a pleno.

Salut.

PD: espero no tomen mis preguntas como retóricas, son las dudas que me surgen como me surgen a partir de los planteos que hacen.

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NotaPublicado: Vie Jul 01, 2011 12:51 am 
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Citar:
Pruebas.. quiero pruebas..


Tal vez te conformes con una breve explicación.



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Javier Rodriguez.-

"Cuando uses términos como "Todo", "Nada", "Nunca" o "Siempre" revisá. Es muy probable que estés diciendo una incoherencia."

"El truco está, en hacer pasar lo ininteligible por profundo."
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NotaPublicado: Vie Jul 01, 2011 12:40 pm 
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xelnagah escribiste:
Tal vez te conformes con una breve explicación.

Gracias, lo veré, aunque creo esto ya me lo mostró Elbiogs alguna vez...

Igualmente no quisiera desvirtuar el tema mucho, porque ciertamente, se ve hay alguna tendencia a relacionar a un supuesto Dios y a la ciencia con un evento.. La creación.
Por eso supongo estas conversaciones terminan derivando siempre en lo mismo...

Entiendo que la creación es más una convicción por parte de ambas corrientes (científicas y religiosas) que una confirmación.

Xel ya que vos como Elbiogs y Marco y algunos otros tienen alguna base para evaluar, lo que yo cité de spaxium viene de acá viewtopic.php?f=4&t=2117, sería interesante armar un debate, fácil para que lo entendamos todos.

Este libro que aún no leo completamente, me llenó de preguntas más que de certezas... y me encantó... supongo a que se debe porque es bastante infantil como lo plantea... pero es una Teoria más sobre el universo... o multiverso,, u omniverso... en fin.

Salut.

-- Respuesta doble unida el Dom Jul 24, 2011 9:48 pm --

Dejo este link para que atiendan al minuto 5:01.
http://www.taringa.net/posts/videos/117 ... Mundo.html
ALBERT EINSTEIN

EL ESPÍRITU RELIGIOSO DE LA CIENCIA

I.Escrito para el New York Times y publicado el 9 de Nov de 1930

ALBERT EINSTEIN

EL ESPÍRITU RELIGIOSO DE LA CIENCIA

I.Escrito para el New York Times y publicado el 9 de Nov de 1930


Todo lo que ha hecho y pensado la especie humana se relaciona con la satisfacción de necesidades profundamente sentidas y con el propósito de mitigar el dolor. Uno ha de tener esto constantemente en cuenta si desea comprender los movimientos espirituales y su evolución. Sentimiento y anhelo son la fuerzaa motriz que hay tras todas las empresas humanas y todas las creaciones humanas por muy excelsas que se nos quieran presentar. Pero, ¿cuáles son los sentimientos y las necesidades que han llevado al hombre al pensamiento religioso y a creer en el sentido más amplio de estos términos? Un poco de reflexión bastará para darnos cuenta de que presidiendo el nacimiento del pensamiento y la experiencia de lo religioso están las emociones más variadas.

En el hombre primitivo, es sobre todo el miedo el que produce ideas religiosas: miedo al hambre, a los animales salvajes, a la enfermedad, a la muerte. Como en esta etapa de la existencia suele estar escasamente desarrollada la comprensión de las conexiones causales, el pensamiento humano crea seres ilusorios máss o menos análogos a sí mismo de cuya voluntad y acciones dependen esos acontecimientos sobrecogedores. Así, uno intenta asegurarse el favor de tales seres ejecutando actos y ofreciendo sacrificios que, según la tradición transmitida a través de generaciones, les hacen mostrarse propicios y bien dispuestos hacia los mortales. En este sentido, hablo yo de una religión del miedo. Ésta, aunque no creada por los sacerdotes, se halla en un grado notable afianzada por la formación de una casta sacerdotal que se erige como mediadora entre el pueblo y los seres a los que el pueblo teme, y logra sobre esta base una hegemonía. En muchos casos, un caudillo o dirigente o una clase privilegiada cuya posición se apoya en otros factores, combina funciones sacerdotales con su autoridad secular a fin de reforzarla; o hacen causa común con la casta sacerdotal para defender sus intereses.

Los impulsos sociales son otra fuente de cristalización de la religión. Padres y madres y dirigentes de las grandes comunidades humanas son mortales y falibles. El deseo de guía, de amor y de apoyo empuja a los hombres a crear el concepto social o moral de Dios. Este es el dios de la Providencia, que protege, dispone, recompensa y castiga; el Dios que, según las limitaciones de enfoque del creyente, ama y protege la vida de la tribu o de la especie humana e incluso la vida misma; es el que consuela de la aflicción y del anhelo insatisfecho; el que custodia las almas de los muertos. Esa es la concepción social o moral de Dios.

Las sagradas escrituras judías ejemplifican admirablemente la evolución de la religión del miedo a la religión moral, evolución que continua en el nuevo testamento. Las religiones de todos los pueblos civilizados, especialmente los pueblos de oriente, son primordialmente religiones morales. El paso de una religión del miedo a una religión moral es un gran paso en la vida de los pueblos. Y sin embargo, el que las religiones primitivas se basen totalmente en el miedo y las de los pueblos civilizados sólo en la moral es un prejuicio frente al que hemos de ponernos en guardia. La verdad es que en todas las religiones se mezclan en cuantía variable ambos tipos, con esa diferenciación: que en los niveles más elevados de la vida social predomina la religión moral.

Común a todos estos tipos de religión, es el carácter antropomórfico de su concepción de Dios. En general, sólo individuos de dotes excepcionales, y comunidades excepcionalmente idealistas, se elevan en una medida considerable por encima de este nivel. Pero hay un tercer estadio de experiencia religiosa común a todas ellas, aunque raras veces se halle en forma pura: lo llamaré sentimiento religioso cósmico. Es muy difícil explicar este sentimiento al que carezca por completo de él, sobre todo cuando de él no surge una concepción antropomórfica de Dios.

El individuo siente la inutilidad de los deseos y los objetivos humanos y el orden sublime y maravilloso que revela la naturaleza y el mundo de las ideas. La existencia individual le parece una especie de cárcel y desea experimentar el universo como un todo único y significativo. Los inicios del sentimiento religioso cósmico aparecen ya en una etapa temprana de la evolución, por ejemplo en varios salmos de David y en algunos textos delos profetas. El budismo, como hemos aprendido gracias sobre todo a maravillosas obras de Schopenhauer, tiene un contenido mucho más rico aún en este sentimiento cósmico.

Los genios religiosos de todas las épocas se han distinguido por este sentimiento religioso especial, que no conoce dogmas ni un Dios concebido a la imagen del hombre; no puede haber, en consecuencia, iglesia cuyas doctrinas básicas se apoyen en él. Por tanto, es precisamente entre los herejes de todas las épocas donde encontramos hombres imbuidos de este tipo superior de sentimiento religioso, hombres considerados en muchos casos como ateos por sus contemporáneos, y a veces considerados también santos. Si enfocamos de este modo a hombres como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza, veremos que existen entre ellos profundas relaciones.

¿Cómo puede comunicar y transmitir una persona a otra este sentimiento religioso cósmico, si éste no puede engendrar ninguna noción definida de un Dios y de una teología? Según mi opinión, la función más importante del arte y de la ciencia es la de despertar este sentimiento y mantenerlo vivo en quienes son receptivos a él.

Llegamos así a una concepción de la relación entre religión y ciencia muy distinta de la habitual. Cuando uno enfoca la cuestión históricamente, tiende a considerar ciencia y religión antagonistas irreconciliables, y por una razón de lo más evidente. El individuo que está totalmente imbuido de la aplicación universal de la ley de la causalidad no puede ni por instante aceptar la idea de un ser que interfiera en el curso de los acontecimientos... siempre, claro está, que se tome la hipótesis de la causalidad verdaderamente en serio. Para él no tiene ningún sentido la religión del miedo y lo tiene muy escaso la religión moral o social. Un Dios que premia y castiga es inconcebible para él por la simple razón de que las acciones del hombre vienen determinadas por la necesidad, exterrna e interna, por lo que no puede ser responsable, a los ojos de Dios, lo mismo que no lo es un objeto inanimado de los movimientos que ejecuta. Se ha acusado, por ello a la ciencia de socavar la moral, pero la acusación es injusta. La conducta ética de un hombre debería basarse en realidad en la compasión, la educación y los lazos y necesidades sociales; no hace falta ninguna base religiosa. Triste sería la condición del hombre si tuviese que contenerse por miedo al castigo y por la esperanza de una recompensa después de la muerte.

Es, por tanto, fácil ver por qué las Iglesias han combatido siempre a la ciencia y perseguido a los que se consagran a ella. Por otra parte, yo sostengo que el sentimiento religioso cósmico es el motivo más fuerte y más noble de la investigación científica. Sólo quienes entienden los inmensos esfuerzos y, sobre todo, esa devoción sin la cual sería imposible el trabajo innovador en la ciencia teórica, son capaces de captar la fuerza de la única emoción de la que puede surgir tal empresa, siendo, como es, algo alejado de las realidades inmediatas de la vida. ¡Qué profundos debieron ser la fe en la racionalidad del universo y el anhelo de comprender, débil reflejo de la razón que se revela en este mundo, que hicieron consagrar a un Kepler y a un Newton años de trabajo solitario a desentrañar los principios de la mecánica celeste!. Aquellos cuto contacto con la investigación científica se deriva principalmente de sus resultados prácticos es fácil que se hagan una idea totalmente errónea de la mentalidad de los hombres que, en un mundo escéptico, han mostrado el camino a espíritus similares a ellos, esparcidos a lo largo y ancho del mundo y de los siglos. Sólo quien ha dedicado su vida a fines similares puede tener idea clara de lo que inspiró a esos hombres y les dio la fuerza necesaria para mantenerse fieles a su objetivo a pesar de innumerables fracasos. Es el sentimiento religioso cósmico lo que proporciona esa fuerza al hombre. Un contemporáneo ha dicho, con sobradas razones, que en estos tiempos materialistas que vivimos la única gente profundamente religiosa son los investigadores científicos serios.

ALBERT EINSTEIN

CIENCIA Y RELIGIÓN

I. Discurso pronunciado en el seminario teológico de Princetown, el 19 de Mayo de 1939)

Durante el siglo pasado, y parte del anterior, se sostuvo de modo generalizado que existía un conflicto insalvable entre ciencia y fe. La opinión predominante entre las personas de ideas avanzadas era que había llegado la hora de que el conocimiento, la ciencia, fuese sustituyendo a la fe; toda creencia que no se apoyase en el conocimiento era superstición, y, como tal, había que combatirla. Según esta concepción, la educación tenía como única función la de abrir el camino al pensamiento y al conocimiento, y la escuela, como órgano destacado en la educación del pueblo, debía servir exclusivamente a este fin.

Probablemente será difícil encontrar, si se encuentra, una exposición tan tosca desde el punto de vista racionalista; toda persona sensata puede ver de inmediato la unilateralidad de esta exposición. Pero es aconsejable también exponer la tesis de forma nítida y concisa si uno quiere aclarar sus ideas respecto a la naturaleza de esa tesis.

No hay duda de que el mejor medio de sustentar una convicción es basarla en la experiencia y en el razonamiento claro. Hemos de aceptar sin reservas a este respecto el racionalismo extremo. El punto débil de esta concepción es, sin embargo, este, que aquellas concepciones que son inevitables y que determinan nuestra conducta y nuestros juicios, no pueden basarse únicamente en este sólido procedimiento científico.

En realidad el método científico sólo puede mostrarnos cómo se relacionan los hechos entre sí y cómo están mutuamente condicionados. El anhelo de alcanzar este conocimiento objetivo pertenece a lo más elevado de que es capaz el hombre, e imagino, por supuesto, que nadie sospechará que intente yo rebajar los triunfos y las luchas heroicas del hombre en esta esfera. Es también evidente, sin embargo, que el conocimiento de lo que es, no abre la puerta directamente a lo que debería ser. Uno puede tener el conocimiento más claro y completo de lo que es, y no ser capaz, sin embargo, de deducir de ello lo que debería ser el objetivo de nuestras aspiraciones humanas. El conocimiento objetivo nos proporciona poderosos instrumentos para lograr ciertos fines, pero el objetivo último en sí y el anhelo de alcanzarlo deben venir de otra fuente. Y no creo que haga falta siquiera defender la tesis de que nuestra existencia y nuestra actividad sólo adquieren sentido por la persecución de un objetivo tal y de valores correspondientes. El conocimiento de la verdad en cuanto tal es maravilloso, pero su utilidad como guía es tan escasa que no puede demostrar siquiera la justificación y el valor de la aspiración hacia ese mismo conocimiento de la verdad. Nos enfrentamos aquí, en consecuencia, a los límites de la concepción puramente racional de nuestra existencia.

Pero no debe suponerse que el pensamiento inteligente no juegue ningún papel en la formación del objetivo y de los juicios éticos. Cuando alguien comprende que ciertos medios serían útiles para la consecución de un fin, los medios en sí se convierten por ello en un fin. La inteligencia nos aclara la interrelación entre medios y fines. Pero el mero pensamiento no puede proporcionarnos un sentido de los fines últimos y fundamentales. Aclarar estos fines y estas valoraciones fundamentales, e introducirlos en la vida emotiva de los individuos, me parece concretamente la función más importante de la religión en la vida social del hombre. Y si se pregunta de qué se deriva la autoridad de tales fines fundamentales, dado que no pueden cimentarse y justificarse únicamente en la razón, sólo cabe decir: son, en una sociedad sana, tradiciones poderosas, que influyen en la conducta y en las aspiraciones y en los juicios de los individuos. Es decir, están ahí como algo vivo, sin que sea necesario buscar una justificación de su existencia. Adquieren existencia no a través de la demostración, sino de la revelación, por intermedio de personalidades vigorosas. No hay que intentar justificarlas, sino más bien captar su naturaleza simple y claramente.

Los más elevados principios de nuestras aspiraciones y juicios nos los proporciona la tradición religiosa judeocristiana. Es un objetivo muy elevado que, con nuestras débiles fuerzas, sólo podemos alcanzar muy pobremente, pero que proporciona fundamento seguro a nuestras aspiraciones y valoraciones. Si se desvinculase este objetivo de su forma religiosa y se examinase en su aspecto puramente humano, quizá pudiera exponerse así: Desarrollo libre y responsable del individuo, de modo que pueda poner sus cualidades, libre y alegremente, al servicio de toda la humanidad.

No cabe aquí divinizar una nación, una clase, y no digamos ya un individuo. ¿No somos todos hijos de un padre, tal como se dice en el lenguaje religioso? En realidad, ni siquiera la divinización del género humano, como una totalidad abstracta, correspondería al espíritu de ese ideal. Solo posee alma el individuo. Y el fin superior del individuo es servir más que regir, o imponerse de cualquier modo.
Si uno examina la sustancia y olvida la forma, puede considerar estas palabras expresión, además, de la actitud democrática fundamental. El verdadero demócrata no puede adorar a su nación lo mismo que no puede el hombre que es religioso, en nuestro sentido del término.

¿Cuál es pues en todo esto la función de la educación y de la escuela? Debería ayudarse al joven a formarse en un espíritu tal que esos principios fundamentales fuesen para él como el aire que respira. Sólo la educación puede lograrlo.

Si uno tiene estos elevados principios claramente a la vista, y los compara con la vida y el espíritu de la época, comprueba palpablemente que la humanidad civilizada se halla en la actualidad en grave peligro. En los estados totalitarios son los propios dirigentes los que se empeñan por destruir ese espíritu de humanidad. En zonas menos amenazadas son el nacionalismo y la intolerancia, y la opresión de los individuos por medios económicos, quienes pretenden asfixiar esas valiosísimas tradiciones.

Crece, sin embargo, la conciencia de la gravedad del peligro entre los intelectuales, yse buscan afanosamente medio para combatir el peligro... medios en el campo de la política nacional e internacional, de la legislación, o de la organización en general. Tales esfuerzos son, sin duda alguna, muy necesarios. Sin embargo, los antiguos sabían algo que nosotros parecemos haber olvidado. Todos los medios resultan ser elementos inútiles si tras ellos no hay un espíritu vivo. Pero si el anhelo de lograr el objetivo vive poderoso dentro de nosotros, no nos faltará fuerza para hallar los medios de alcanzar ese objetivo y traducirlo a hechos.

II. Nueva York. 1941. Simposium sobre ciencia, filosofía y religión


Salud.

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NotaPublicado: Mar Ago 09, 2011 4:15 pm 
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http://fido.palermo.edu/servicios_dyc/n ... activ=3040

Chicos aca les paso un link con las charlas de la Universidad de Palermo para el 11 de agosto, espero puedan aprovecharlas, seguramente nos veremos allí.
Saludos.
Julian.


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NotaPublicado: Mar Feb 28, 2012 11:19 pm 
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Registrado: Dom Jul 04, 2010 10:36 pm
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Un artículo que me sorprendió un poco.
Octogésimo aniversario de la hipótesis del Big Bang Pbro. Gustavo E. PODESTÁ
Ningún católico puede dejar pasar el 80 aniversario de la publicación, por parte del Doctor en Ciencias Matemáticas y Físicas belga, George Lemaître, de su artículo (1) del año 1931 donde postulaba la existencia de un momento inicial del universo cuando toda la materia estuvo concentrada en un ‘átomo primitivo', como él le llamó.

No ha de haber nadie de mediana cultura, en nuestros días, que, al menos a través de artículos periodísticos, no esté enterado de la teoría de la expansión del universo y de su inicio en el célebre Big Bang, hace 13.700 millones de años. En la mente de la gente, dicha doctrina tiene algo que ver con Stephen Hawking, el famoso científico discapacitado de Cambridge, o cuanto mucho con Edwin Hubble, en honor al cual gira, con su nombre, alrededor de la tierra, el más potente telescopio óptico del mundo (HST). Otros nombres como el de Wilson, Eddington, De Sitter, Reeves, Friedman y tantos más quedan solo como patrimonio de los eruditos. Sin embargo es sorprendente el que, aún en libros de cierto nivel de divulgación, un nombre sea habitualmente silenciado cuando se hace referencia a estas teorías. Precisamente el nombre del primero que postuló y elaboró de modo científico este nuevo modelo cosmogónico. Nada menos que el apreciadísimo discípulo de Einstein y de Eddington arriba mencionado.

Lemaître adolecía de un grave defecto: era católico y, además, sacerdote. Y vivimos épocas en las cuales los rectores de la opinión pública, desde hace mucho tiempo, baten el parche -a pesar de la pléyade de científicos católicos que hacen avanzar los conocimientos científicos en todos los frentes- de que existe un conflicto, un abismo insalvable, entre la ciencia y la religión católica.

"La ciencia desmiente a la religión" o "Los científicos desnudan el fraude religioso" y otros títulos semejantes fueron -y son frecuentes, aún- en las librerías y bibliotecas de nuestras clases lectoras. El procedimiento es muy fácil y siempre el mismo: primero se expone una versión caricaturizada y mendaz del dato religioso que la gente ignorante toma como doctrina católica y, luego, se contrapone a datos científicos que la desmienten. Y –digámoslo entre nosotros- a ciertos niveles todavía hay formas de exponer la fe tan pueriles o dogmáticas –en el sentido peyorativo de la palabra- que son verdaderamente dignas de perplejidad o de rechazo para cualquier ser humano más o menos pensante.

Lo cierto es que nunca hubo entre la Iglesia oficial o teólogos serios y los verdaderos científicos ningún hondo conflicto. Baste recordar que la primera academia internacional de ciencias fue la fundada con su nombre actual -‘ Academia Pontificia de las Ciencias' - en 1847 por Pío IX. Y ésta no era sino la continuación de la famosa ‘ Academia dei Lincei ' o ‘ Academia de los Linces ', organizada en Roma ya en 1603. Ni mencionemos el diálogo y promoción constante de la razón y de las ciencias que –tal cual insiste en señalarlo Benedicto XVI-, desde los primeros siglos, a partir de los Padres Apologistas, a través, luego, de grandes pensadores, escuelas episcopales y universidades, hasta nuestros días, promovió, durante toda su historia, la Iglesia Católica.

Es que no hay que confundir ni la teología ni la doctrina bíblica de la Iglesia con el de otras opiniones confesionales. Recientemente Claude Allègre, ex ministro de educación de Francia, en Dieu face à la science, (Fayard 2000), acusaba al protestantismo fundamentalista americano, en primer lugar, pero también a los fundamentalistas judíos y musulmanes, de empastelar artificialmente las relaciones entre ciencia y fe. Acusación de la cual exculpaba a la Iglesia Católica.

George Lemaître había nacido en Charleroi, Bélgica a fines del 1894. Primero estudiante de ingeniería, interrumpidos sus estudios por la guerra, obtuvo en 1920 el grado mencionado más arriba. Mientras tanto se le despertó la vocación sacerdotal. Cursó estudios en el seminario de Malinas, donde fue ordenado sacerdote en el año 1923. De allí partió a Cambridge donde recibió las enseñanzas que dictaba Eddington, el gran astrofísico y filósofo de la ciencia británico, con quien; hasta el 44, año de la muerte de éste, se mantendría en permanente relación. En 1924 lo encontramos en Norteamérica, donde trabajó en el Observatorio de Harvard. En 1925 escuchó el decisivo anuncio de Hubble informando sobre el descubrimiento de las cefeidas de Andrómeda. Es sabido que recién a partir de este descubrimiento es como se pueden calcular las distancias siderales del cosmos más allá de los métodos geométricos aproximados que se utilizaban hasta entonces usando como base trigonométrica el diámetro de la órbita de la tierra alrededor del sol. Así pudo constatarse el corrimiento al rojo de la luz de las estrellas más lejanas.

Mientras tanto Lemaître había asimilado brillantemente la teoría de la relatividad de Einstein, transformándose en uno de sus más fervorosos discípulos. Pero había algo en el modelo einsteniano que no convencía a Lemaître. Si bien Einstein había echado por tierra el infinito espacio euclidiano y postulaba un universo curvado sobre sí mismo y, por ello, aunque ilimitado, finito -a la manera de la superficie de una esfera-, estaba emperrado, contra Alexander Friedmann, ruso y De Sitter, holandés, -quienes sostenían que el cosmos debía estar en contracción o en expansión, pero no estático- en que el Universo era tal y cómo lo habían descrito hasta entonces la mayoría de los astrónomos, es decir estable e inmutable, isótropo (igual en todas direcciones) y homogéneo (igual en cada uno de sus puntos).
Imagen
Pues bien, es Lemaître quien, a partir de las observaciones realizadas hasta ese momento, el descubrimiento de las cefeidas y utilizando rigurosamente las complejas fórmulas matemáticas de la teoría de la relatividad, combinándola con la cuántica de Planck, expuso por primera vez en la historia, en 1931, la que él llamó hipótesis del átomo primitivo. Precisamente un único ' quantum 'sin tiempo y sin espacio -que luego Hawking denominaría‘ singularidad inicial' - a partir del cual se habría desarrollado, en continua expansión y multiplicación cuántica, nuestro universo.

Lemaître también describió su teoría como "the Cosmic Egg exploding at the moment of the creation", pero finalmente prevaleció el mote con el cual Fred Hoyle, al comienzo contrario a la teoría, bautizó en son de burla como la “Big Bang theory” (1947).

Lemaître finalmente logró convencer al mismo Einstein, quien afirmó, más tarde, que su hipótesis del universo estático había sido uno de los más graves errores de su carrera.

Interesante señalar que, hasta la caída del muro de Berlín, estaba prohibida en la Unión Soviética la enseñanza y defensa de esta teoría.

En 1946, Lemaître publicó su libro “L'Hypothèse de l'Atome Primitif”. Tenemos el honor de que su primera traducción haya sido al castellano, en Buenos Aires, en 1948. Se vertería al inglés recién en 1950.

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Al respecto también vale la pena registrar que uno de los primeros divulgadores de esta teoría cósmica de la expansión, así como de sus implicancias filosóficas, fue nuestro gran Leopoldo Marechal en su cuento "Cosmogonía elbitense", publicado en su "Cuaderno de navegación", editorial Sudamericana, 1966, cuando pocos aún hablaban del Big Bang o del ‘Gran Pum' como lo tradujo nuestro Juan Luis Gallardo.

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Lemaître fue elegido, en 1936, miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias y presidente de ésta desde 1960 hasta su muerte -celebrando la santa Misa- en 1966. Ello sucedió poco después de que su revolucionaria hipótesis se confirmara con el descubrimiento de Arno Penzias y Robert Wilson de la radiación de fondo de microondas - Cosmic Microwave Background o CMB - ‘restos fósiles' de la explosión primitiva.

Aunque los datos cosmológicos de la ciencia actual sirven para afirmar el concepto filosófico de la contingencia del Universo y responden mejor a la visión bíblica de un mundo en gestación histórica no es bueno nunca mezclar los dos planos del saber. La creación es un concepto metafísico que no puede identificarse sin más con la idea de comienzo.

Pío XII, el 22 de Noviembre de 1951, había pronunciado un discurso en el cual señalaba cómo la ciencia contemporánea apoyaba las tradicionales pruebas de la existencia de Dios: “Le prove della esistenza di Dio alla luce della scienza naturale moderna” (2). Lemaître manifestó sus reparos a dicha extrapolación.

A pesar de que los artículos de Lemaître tanto sobre el origen del Universo como sobre otros problemas físicos y matemáticos se difundieron por todo el mundo científico fue, quizás adrede, por su condición de creyente, ignorado por el periodismo y, por lo tanto, por el gran público. Nadie se dignó anoticiar al lector común de que él era el descubridor del más espectacular de los cambios en la historia de la cosmogonía, desde las épocas de Aristóteles y Ptolomeo. Más importante todavía que la revolución de ese otro gran sabio, sacerdote católico polaco, Copérnico, que había difundido y elevado a nivel científico la doctrina de la tierra girando alrededor del sol.

1- Lemaître, G ., The Beginning of the World from the Point of View of Quantum Theory , Nature 127 (1931), n. 3210, 706.

2- AAS 44 (1952) 31-43

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